Irvin D. Yalom

 Citas de libros de Irvin D. Yalom:
 
 
 
“A cada parpadeo nace en algún lugar de este mundo un necio.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 432



“A veces una prosa abstrusa, tortuosa e inescrutable provoca grandes alabanzas, nada realistas, a la inteligencia del autor.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 422



“Algunas veces el destino nos coloca en posiciones en las que lo correcto es lo incorrecto.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 375



“Amigos, escuchadme: si anheláis la felicidad, no malgastéis vuestra vida luchando por aquello que en realidad no necesitáis.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 119





“Confía en mí, en que sea capaz de comprender tus sentimientos y en que no los juzgue.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 74


"Detesto a los que me privan de la soledad y sin embargo no me hacen compañía."

Irvin D. Yalom



“El aislamiento existencial, un tercer dato de la existencia, remite al espacio abismal que hay entre el yo y los otros, un espacio que existe incluso en la presencia de relaciones interpersonales profundamente gratificantes. Uno está aislado no sólo de los otros seres sino que, hasta el punto de que uno constituye su propio mundo, uno también está aislado del mundo. Este tipo de aislamiento ha de distinguirse de otras dos clases de aislamiento: el aislamiento interpersonal y el intrapersonal. Uno experimenta el aislamiento interpersonal, o la soledad si carece de las habilidades sociales o el estilo de personalidad que da lugar a interacciones sociales íntimas. El aislamiento intrapersonal tienen lugar cuando se escinden partes del yo, como cuando uno separa la emoción del recuerdo de un acontecimiento. (…) Si bien al aislamiento existencial no tiene solución, los terapeutas deben oponerse a las falsas soluciones. El esfuerzo de uno para evitar el aislamiento puede sabotear sus relaciones con las demás personas. Muchas veces una amistad o un matrimonio han fracasado porque una persona, en lugar de relacionarse con la otra y de preocuparse por ella, lo que ha hecho es utilizarla como escudo contra el aislamiento."

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 151-152

  

“El amor no es sólo una chispa pasional entre dos personas; hay una gran diferencia entre enamorarse y mantenerse en el amor. Por mejor decir, el amor es una forma de ser o estar, un «dar a uno» y no un «enamorarse de»; una forma de relacionarse a largo plazo, y no un acto limitado a una sola persona.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 154



“El existencial es uno de los muchos enfoques psicoterapéuticos, todos los cuales tienen la misma razón de ser: aliviar la desesperación humana. La psicoterapia existencial afirma que lo que nos aflige surge no sólo de nuestro sustrato biológico genérico (modelo psicofarmacológico), no sólo de nuestras luchas con tendencias instintivas reprimidas (modelo freudiano), no sólo de internalizar modelos paternos de descuido, desamor o neurosis (modelo de relación objetiva), no sólo de desórdenes preceptúales (modelo cognitivo.conductivo), no sólo de los fragmentos de recuerdos traumáticos o de crisis vitales vinculadas a la propia carrera o a las relaciones interpersonales significativas, sino también –repito, sino también- de enfrentarnos con nuestra propia existencia.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 170


“El grupo es el contexto más apropiado para ayudar a los pacientes a identificar los problemas que versan sobre la forma de relacionarse con las otras personas.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 83



“El matrimonio es una deuda que se contrae en la juventud y se paga en la vejez.”

Irvin D. Yalom
Un año con Schopenhauer, pág. 111



“En casi todo proceso de duelo hay una potencial experiencia de despertar, que a menudo aparece por primera vez en un sueño.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 66



“En las relaciones estrechas, cuanto más revela uno sobre las propias sensaciones y pensamientos, más fácil le es revelarse al otro. La autorrevelación desempeña un papel crucial en el desarrollo de la intimidad. Por lo general, las relaciones se construyen mediante un proceso de autorrevelación recíproca. Uno de los participantes se decide y revela cosas íntimas, mostrando así su disposición a arriesgarse; el otro cierra la brecha haciendo lo mismo. De esa manera, profundizan la relación mediante una espiral de autorrevelación. Si a la persona que toma el riesgo inicial no se le responde con una actitud de reciprocidad, suele ocurrir que la amistad se resiente.
         Cuanto más uno se muestre tal cual es y se brinde plenamente, más profunda y sólida será la amistad. En la presencia de tal intimidad, toda palabra, toda manera de confortar, todas las ideas, adquieren mayor sentido.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 115-116





“En Lying on the Couch intento demostrar que el centrarse en el aquí-y-el ahora tiene implicaciones más allá de la clarificación de la transferencia; concretamente, que la relación con el paciente es importante por propio derecho y que en la terapia están en juego fuerzas más poderosas que la comprensión, fuerzas que pueden ser realzadas centrándose en lo «interexistente» entre el terapeuta y el paciente. El acto terapéutico de establecer una relación profundamente íntima y auténtica, en sí misma, resulta curativo. Una relación así puede convertirse en un antídoto para la soledad y supone un punto de referencia interno para los pacientes, que aprenden que tal intimidad es gratificante y que ellos son capaces de alcanzarla. Además, el trabajo de crear y mantener una relación auténtica con el terapeuta frecuentemente resulta un excelente modelado para la formación de futuras relaciones en la vida del paciente.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 290



“En última instancia, el autoengaño siempre termina por cobrarse su precio.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 228



“Freud tenía muchos seguidores sedientos de una ortodoxia ritualizada y muchos institutos analíticos adoptaron una visión conservadora y estática de su obra, completamente en desacuerdo con su disposición siempre renovada, innovadora y creativa.
En mi propio desarrollo profesional he sido extremada- mente ambiguo con respecto a los institutos de formación psicoanalítica tradicionales. Me parecía que la posición analítica conservadora de mi época sobrevaloraba la importancia del insight, particularmente acerca de los temas de desarrollo psicosexual y además ignoraba por completo la importancia del encuentro humano en el proceso terapéutico. (Theodor Reik escribió: «El mismo diablo no podría asustar más a los analistas que el uso de la palabra ‘yo’ «.) Por lo tanto, preferí no entrar en una institución analítica y, al mirar retrospectivamente mi carrera, considero que fue una de las mejores decisiones de mi vida. Aunque me debí enfrentar a una gran sensación de aislamiento profesional e incertidumbre, tuve la libertad de proseguir mis propios intereses y de pensar sin verme limitado por los preconceptos.
Mis sentimientos con respecto a la tradición psicoanalítica hoy por hoy han cambiado considerablemente. Aunque no me agradan muchos de los atavíos y de las posiciones ideológicas de las instituciones analíticas, sin embargo esas instituciones son a menudo lo único con lo que contamos, el único lugar donde las mentes mejores y más brillantes de la profesión se dedican a discutir temas técnicos serios de psicodinámica. Además, a mi parecer, recientemente ha habido un desarrollo saludable dentro de la práctica y el pensamiento analíticos: es decir, un interés y una literatura de rápido crecimiento sobre la cuestión de la intersubjetividad y la psicología del par terapéutico que refleja una nueva apreciación del rol crucial que ocupa el encuentro humano básico dentro del proceso de cambio. En gran medida, los analistas progresistas luchan por una mayor apertura y sinceridad en su relación con los pacientes.” 

Irvin D. Yalom
El don de la terapia


“Ha sido bien establecido por la investigación psicológica que el recuerdo de los primeros años, especialmente de los cargados de afectividad, están sujetos a una falsificación retrospectiva considerable. El proceso de recuerdo, en efecto, nos dice más sobre las realidades psicológicas presentes que sobre los acontecimientos pasados; las actitudes presentes dictan lo que escogemos recordar de toda la colección de las experiencias de nuestros primeros años, recuerdos a los que imbuimos de toda la fuerza. El sentido común nos dice que el presente está determinado por el pasado y, sin embargo, lo contrario ¿no es igualmente cierto? El pasado vive para nosotros tan sólo cuando se vuelve a experimentar a través del filtro de nuestro aparto psíquico presente. En diferentes estados emocionales, en diferentes etapas de la vida, el pasado puede asumir una variedad de coloraciones.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 35-36



“Hay algo sumamente doloroso en las decisiones sin tomar.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 26



“La autoexploración es un proceso que dura toda la vida y recomiendo que la terapia sea lo más profunda y prolongada posible, y que el terapeuta haga terapia en distintas etapas de su vida.
Mi propia odisea de terapia a lo largo de una carrera de cuarenta y cinco años es como sigue: un psicoanálisis freudiano ortodoxo de setecientas cincuenta horas, cinco veces a la semana en mi residencia psiquiátrica (con un analista docente de la conservadora Baltimore Washington School), un año de análisis con Charles Rycroft (un analista: de la «escuela media» del British Psychoanalitic Institute), dos años con Pat Baumgartner (un terapeuta gestáltico), tres años de psicoterapia con Rollo May (un analista con orientación interpersonal y existencial del William Alanson White Institute) y numerosos trabajos más breves con terapeutas de distintas disciplinas, incluyendo terapia conductista, bioenergética, Rolfing, trabajo con matrimonios y parejas, un grupo de apoyo sin coordinador para terapeutas varones con diez años de profesión que aún dura (al momento de escribir) y en los sesenta, grupos de encuentro de toda una rica gama de gustos, incluyendo un grupo de maratón nudista.” 

Irvin D. Yalom
El don de la terapia


“La caída en desgracia del que está más alto siempre emociona más a las multitudes: el lado obscuro de la admiración es la envidia, unida al descontento por la propia vulgaridad.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 211



“La posición de Epicuro era que deberíamos llevar una vida tranquila y retirada, evitar responsabilidades públicas, desempeñar cargos, o cualquier otro tipo de responsabilidad que pudiese poner en peligro nuestra ataraxia.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 122


"La única verdad absoluta es que no hay absolutos."

Irvin D. Yalom


“La veracidad, tan crucial para que un terapeuta sea efectiva, toma una nueva dimensión cuando el terapeuta lidia con franqueza con los problemas existenciales. Debemos dejar de lado hasta el último vestigio de un modelo médico que supone que esos pacientes sufren de una extraña dolencia y que requieren un curador desapasinado, inmaculados e intocable. Todos enfrentamos un mismo terror: la herida de la mortalidad, el gusano que roe el corazón de la existencia.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 226



“Las cosas excelentes son todas difíciles y escasas.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 430




“Las decisiones de fondo suelen tener hondas raíces. Toda elección conlleva una renuncia, y cada renuncia nos hace conscientes de las limitaciones y de la transitoriedad.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 56



“Las etiquetas hacen violenta a la gente. No se puede tratar a una etiqueta; usted tiene que tratar la persona que está detrás de la etiqueta.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 346



“Los adultos atormentados por la ansiedad ante la muerte no son especimenes raros que han contraído alguna enfermedad desconocida, sino hombres y mujeres cuya familia y cultura no les tejieron la ropa de abrigo adecuada para soportar el frío de la mortalidad. Quizá se hayan encontrado con mucha muerte en una etapa demasiado temprana de sus vidas, tal vez no hayan tenido un centro de amor, atención y seguridad en sus casas, pueden ser individuos aislados que nunca compartieron su íntima preocupación ante la muerte, pueden ser sujetos hipersensibles y muy conscientes de sí que rechazaron el consuelo de los mitos religiosos con los que sus culturas desafían la muerte.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 104


“Los intentos de preservar la identidad personal siempre son fútiles. La transitoriedad es permanente.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 78


“Los niños que carecen de un lazo de amor maternal no consiguen desarrollar la confianza necesaria para amarse a sí mismos, creer que otros los amarán o sentir amor por la vida. Se vuelven retraídos en la edad adulta, se encierran en sí mismos y a menudo están en confrontación permanente con los demás.”

Irvin D. Yalom
Un año con Schopenhauer, pág. 40



“Los terapeutas son diferentes. Somos bichos raros. Las otras personas, en su mayoría, no comparten nuestra curiosidad apasionada por la mente.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 308

  



“Mientras disfrutaban los dos lentamente de su tarta de Linz, Alfred preguntó a Friedrich.
-¿Así que has acabado ya tu formación?
-Sí, la mayor parte de mi formación oficial. Pero la psiquiatría es un campo extraño porque a diferencia de cualquier otro campo de la medicina, nunca acabas en realidad. Tu instrumento más importante eres tú, tú mismo, y la tarea de entenderse a uno mismo es interminable. Si ves algo en mí que pudiese ayudarme a saber más sobre mí mismo, no dejes de decírmelo, por favor.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 248-249

  
  

“Muchas veces me vuelvo hacia un gran escritor en busca de una frase o de un recurso literario que me hagan darme cuenta cabal de algo de una forma contundente y clara.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 7


"No demos por sentado que enfrentar la idea de la muerte es demasiado doloroso, que pensar en ella nos destruirá, que debemos negar la transitoriedad para que esta verdad no vuelva insoportable nuestras vidas. Tal negación no es gratuita: empobrece nuestra vida interior, nubla nuestra visión, embota nuestra racionalidad... Mirar a la muerte a la cara, acompañados por alguien que nos oriente, no solo aplaca el terror, sino que vuelve la existencia más rica, intensa y vital. Trabajar con la muerte nos enseña sobre la vida."

Irvin D. Yalom
Mirar al sol. Superar el miedo a la muerte para vivir con plenitud el presente


“No se producirá un cambio positivo en tu vida mientras te sigas aferrando a la idea de que la razón por la cual no vives bien está fuera de ti. Mientras insistas en adjudicarle la responsabilidad a quienes te han tratado injustamente –un esposo brutal, un jefe exigente y poco dispuesto a respaldarte, malos genes, compulsiones irresistibles-, tu situación seguirá estancada. Tú, sólo tú, eres el responsable por los aspectos cruciales de tu situación en la vida. Y aun si debes enfrentar abrumadores obstáculos externos, tienes la libertad de qué actitud adoptar ante ellos.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 90-91


“No sólo inventó Freud el campo de la psicoterapia sin ayuda de nadie sino que lo hizo de un solo golpe. En 1895 (en Estudios sobre la histeria, en colaboración con Josef Breuer), escribió un capítulo sorprendentemente anticipa- torio sobre psicoterapia que prefigura gran parte de los principales desarrollos que ocurrirían a lo largo de los cien años siguientes. Allí Freud postula los fundamentos de nuestro campo: el valor del insight y de una profunda au- toexploración; la existencia de la resistencia, la transferencia, el trauma reprimido; el uso de los sueños y las fantasías, la dramatización, la libre asociación; la necesidad de abordar los problemas caracterológicos además de los síntomas; y la absoluta necesidad de la confianza dentro de la relación terapéutica.” 

Irvin D. Yalom
El don de la terapia



“Para ayudar a alguien yo creo que tienes que entrar en su mundo.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 129



“Para comprender completamente a un individuo, uno debe comprender todas las fuerzas internas en conflicto que operan en él en un momento determinado.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 36



“Parece paradójico decir que los hombres son más útiles unos a otros cuando cada uno persigue su propio beneficio. Pero cuando son hombres de razón, es así. El egoísmo ilustrado conduce a la utilidad mutua. Todos tenemos en común nuestra capacidad de razonar, y se instaurará un verdadero paraíso terrenal cuando nuestra entrega al entendimiento de la Naturaleza o Dios sustituya todas las demás afiliaciones, sean religiosas, culturales o nacionales.”

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 430




“Por brutal, cruel, prohibida o ajena que sea la experiencia de un paciente, uno siempre puede encontrar alguna afinidad en uno mismo si tiene la disposición de indagar en la propia oscuridad.”

Irvin D. Yalom
Mirar al sol, pág. 182


“Siempre he tenido la sensación de que la franqueza en la terapia aumenta la eficacia del tratamiento. Los terapeutas adoptan en su trabajo, demasiado a menudo, una postura impenetrable: ya sea para ajustarse al mandato de Freud de la máscara inexpresiva (una regla que el propio Freud no siguió en su trabajo analítico) o para protegerse a sí mismos de un autodescubrimiento excesivo, o de una excesiva implicación o fatiga. Otros terapeutas permanecen impenetrables porque se toman en serio las palabras del Gran Inquisidor de Dostoievski, quien insistía en que los seres humanos en realidad desean magia, misterio y autoridad. En consecuencia, estos terapeutas intentan curar a través de la autoridad y empelan viejas técnicas autoritarias: los placebos; prescripciones latinas; la bata blanca, los ensalmos, y el ritual de los remedios básicos. Siempre he creído que la psicoterapia es un proceso intrínsecamente bueno que no necesita apoyarse en la parafernalia de la autoridad. En realidad, en la medida en que la terapia se concibe como un proceso de crecimiento y esclarecimiento personal, considero contraproducente apelar a la autoridad. Los terapeutas frecuentemente se sienten alarmados con la idea de la transparencia y se desentienden de ella porque consideran que les exige que revelen gran cantidad de cosas sobre su vida personal, tanto la pasado como la presente.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 270-271



“Somos criaturas que buscan significado.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 155




“Una de las fuentes fundamentales de la ansiedad, desde un marco de referencia existencial, es el sinsentido. Parecemos ser criaturas en busca de significado que son lanzadas a un universo y un mundo que carece intrínsecamente de significado.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 19


“Una de las grandes paradojas de la vida es que la autoconciencia produce ansiedad.”

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 153



Una pesadilla es un sueño fallido, un sueño que, al no controlar la ansiedad, ha fracasado en su papel de guardián del sueño. Aunque las pesadillas difieren entre sí por su contenido manifiesto, el proceso que subyace debajo de cada pesadilla es el mismo: la cruda ansiedad por la muerte se ha escapado de sus guardianes y ha explotado en la conciencia.

Irvin D. Yalom
Psicología y literatura, pág. 143




“Yo me esfuerzo ahora por cuidarme sólo de aquellas cosas sobre las que puedo tener control.
-¿Cómo qué?
-Creo que sólo tengo control sobre una cosa: el problema de mi entendimiento.2

Irvin D. Yalom
El problema de Spinoza, pág. 265


Irvin D. Yalom La hora del corazón

 
 
Algo que ha sido una constante a lo largo de mis seis décadas como terapeuta es que el anhelo de contacto humano es una de las fuerzas principales que impulsan a quienes buscan ayuda. La gente anhela relaciones mejores y más cercanas. La clave para desarrollar estas ricas relaciones reside en la capacidad y la voluntad de abrirse y compartir un espacio íntimo con los demás. Esto puede parecer bastante fácil y, sin embargo, la gran mayoría de los pacientes con los que me he encontrado tienen dificultades para hacerlo. La intimidad requiere vulnerabilidad: uno no puede esperar que el amigo, pariente o pareja se abra a menos que también esté dispuesto a abrirse a ellos. Y esa vulnerabilidad, casi por definición, no deja que uno se sienta seguro. Muchos de nosotros —la mayoría— hemos vivido experiencias en las que la vulnerabilidad emocional resultó negativa. Una sensación espantosa que nos lleva de inmediato a desarrollar defensas, la más importante de las cuales es la de aprender a no volver a abrirnos. Y, por desgracia, si nunca nos permitimos abrirnos, nunca alcanzaremos la conexión que anhelamos.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
La psicoterapia existencial se centra en los conflictos internos de los pacientes que surgen al enfrentarse a las realidades de la existencia humana: muerte, aislamiento, sentido de la vida y libertad. Advertí que esta mirada existencial (dado que no es un enfoque terapéutico discreto y completo) daba forma a mi trabajo con individuos. En la terapia interpersonal, por otro lado, doy por sentado que los pacientes tienen dificultades porque son incapaces de desarrollar, alimentar y mantener relaciones cercanas con los demás. Apliqué esto ante todo en mi trabajo de terapia de grupo, donde puse el foco en los intercambios, impulsos y emociones que surgían de las respuestas que los miembros se daban los unos a los otros. En este momento, tal vez con un poco más de experiencia, me parece que estos dos conjuntos de preocupaciones podrían no ser tan distintos, después de todo. Uno de los grandes motores de la ansiedad existencial se deriva del hecho de que estamos solos en el universo, de modo que nunca podremos compartir por completo nuestra experiencia con otra persona. Este aislamiento final puede ser aterrador y sin duda desempeña un papel en la teología de la mayoría de las religiones, que ofrecen consuelo al asegurarnos que somos parte de un todo mayor. Para muchos, seamos religiosos o no, una conexión profunda con otras personas es el mejor remedio para ese aislamiento y para las ansiedades existenciales que lo acompañan. En este sentido, cuando digo que la mayoría de las personas acuden a terapia en busca de ayuda para sus problemas interpersonales, siento que se trata de algo íntimamente relacionado con ciertas preocupaciones existenciales importantes.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
El campo de la psicoterapia fue creado por los psiquiatras, que eran médicos profesionales y, por lo tanto, se referían con toda naturalidad a sus «pacientes». Sin embargo, en las últimas décadas la psicoterapia se ha convertido en gran medida en el dominio de psicólogos, terapeutas matrimoniales y familiares, trabajadores sociales y orientadores psicológicos de diversos tipos, la mayoría de los cuales utilizan el término clientes. No me gustan demasiado ninguna de estas dos palabras (una parece implicar enfermedad y la otra, comercio), ni existe un término más relacionado con el concepto de consulta (¿consultante?) que pueda pronunciarse sin que resulte extraño. Prefiero pensar en mí mismo como un «compañero de viaje», alguien que quizá tiene una visión un poco más ajustada del camino que estamos recorriendo. En cualquier caso, en estos relatos he utilizado la palabra pacientes, a pesar de que yo no les ofrecía atención continua ni tenía la intención de asumir ninguna responsabilidad médica.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Llamo «pacientes» a las personas que han acudido a mí con sus consultas. Este concepto resulta un poco problemático. El campo de la psicoterapia fue creado por los psiquiatras, que eran médicos profesionales y, por lo tanto, se referían con toda naturalidad a sus «pacientes». Sin embargo, en las últimas décadas la psicoterapia se ha convertido en gran medida en el dominio de psicólogos, terapeutas matrimoniales y familiares, trabajadores sociales y orientadores psicológicos de diversos tipos, la mayoría de los cuales utilizan el término clientes. No me gustan demasiado ninguna de estas dos palabras (una parece implicar enfermedad y la otra, comercio), ni existe un término más relacionado con el concepto de consulta (¿consultante?) que pueda pronunciarse sin que resulte extraño. Prefiero pensar en mí mismo como un «compañero de viaje», alguien que quizá tiene una visión un poco más ajustada del camino que estamos recorriendo.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
He afirmado que «la relación es la que sana». Lo que impulsa el cambio no es un formulario que el paciente rellena, o una pregunta inteligente que plantea el terapeuta, o un cambio de comportamiento que el paciente debe registrar a diario. En mi enfoque terapéutico, la conexión honesta entre el terapeuta y el paciente es el medio a través del cual descubrimos, aprendemos, cambiamos y sanamos.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Siempre he concebido la terapia como una tarea que exige su tiempo, no los interminables años del psicoanálisis de la vieja escuela, pero sí a menudo varios años, o sea, el tiempo que hiciera falta para ayudar a los pacientes a comprenderse mejor a sí mismos y a realizar cambios significativos en sus vidas.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Siempre he concebido la terapia como una tarea que exige su tiempo, no los interminables años del psicoanálisis de la vieja escuela, pero sí a menudo varios años, o sea, el tiempo que hiciera falta para ayudar a los pacientes a comprenderse mejor a sí mismos y a realizar cambios significativos en sus vidas.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Hay unas pocas personas, como Susan, a quienes una intervención oportuna o un encuentro profundo pueden proporcionar casi todo lo que necesitan. Pero en general no soy partidario de la terapia a corto plazo, y quiero dejar muy claro que de ninguna manera estoy proponiendo este formato de sesión única como una forma completa de terapia. De hecho, he defendido durante mucho tiempo la terapia a un plazo significativamente más largo. ¿Por qué? Por muchas razones, la más importante de las cuales es que lo que más me interesa es ayudar a las personas a aprender más sobre sí mismas, y ese tipo de cosas llevan su tiempo. Supongo que soy un terapeuta que se centra en cuestiones esenciales: la búsqueda del sentido de la vida y de la propia identidad, y la comprensión de los propios impulsos y comportamientos. Estos objetivos simplemente no se pueden alcanzar con rapidez en la mayoría de los casos. Y, sin embargo, en el ámbito de la salud mental, sobre todo en Estados Unidos, se continúa avanzando hacia modelos de una duración cada vez menor. Esta presión no proviene de una preocupación por conseguir mejores resultados para los pacientes, sino que está impulsada en gran medida por las compañías de seguros, que no quieren pagar por más de ocho o doce sesiones y prefieren los llamados modelos «basados en la evidencia científica», como la terapia cognitivo-conductual. Sin duda, hay cuestiones para las que las terapias a corto plazo son útiles, pero con frecuencia se centran en desafíos muy específicos a los que se enfrenta un paciente, como tratar de dejar de fumar, por ejemplo, o abordar síntomas como la procrastinación o la evitación. Sin embargo, en términos generales estos enfoques a corto plazo no ayudan a las personas a comprender y cambiar por completo las causas subyacentes a estos síntomas. Y para muchos, esta transformación y conocimiento más profundos son esenciales.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Raras veces es la brillantez de un terapeuta lo que marca la diferencia. ¿Nuestras inteligentes interpretaciones? ¿Las intervenciones audaces que nos provocan explosiones de adrenalina y autosatisfacción? ¿El toque fortuito que parece genial? Por lo general, estas cosas pasan inadvertidas para los pacientes. En cambio, lo que casi siempre les impacta son las cualidades de la relación: la empatía, el deseo y la capacidad de ver de verdad al otro y la voluntad de dar respuestas honestas, algo que rara vez se encuentra en la vida cotidiana. Aquí es donde residen los tesoros, y esta es una verdad nacida de mis décadas de experiencia, así como de una importante investigación que ha sido revisada por mis pares. Me di cuenta de que estas sesiones únicas probablemente eran un formato ideal para centrarse en la relación con el paciente.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Después de quince minutos así, comencé a sentirme bastante distante de ella, lo que a menudo me indica que debo pasar al «aquí-y-ahora». El primer paso fue dejar de centrarme en sus dificultades para relacionarse con las personas en general y pasar a explorar lo que estaba sucediendo entre nosotros, en nuestra conversación. —Sophia —dije—, deja que te haga una pregunta: ¿cómo nos está yendo a ti y a mí hoy en nuestra sesión?
 
Me acerqué un poco más a la pantalla. —Permíteme que sea sincero respecto a mi propia reacción ante lo que llevamos de sesión. Abrió mucho los ojos, mirándome con el mismo recelo y sorpresa que suelen mostrar otros pacientes cuando les hago esta propuesta. Creo que esto se debe a que la mayoría nunca recibimos comentarios verdaderamente sinceros de los demás. En lugar de eso, las respuestas de las personas están condicionadas sin excepción por el tipo de relación que tienen con nosotros; esto lo vemos, por ejemplo, en las parejas, que se ven condicionadas por los riesgos emocionales de la relación, o en los colegas del trabajo, que se ven condicionados por el estatus. Pero ofrecer esa sinceridad es una de las herramientas más poderosas del terapeuta.
 
Entonces, ¿es culpa mía... toda esa gente, todas esas oportunidades perdidas? —Tienes parte de culpa —aclaré—, pero solo parte. Dejé que eso resonara entre nosotros un momento. Luego cambié de tema, pues no sería útil que ella se sintiera demasiado culpable. Una sensación de responsabilidad puede ser muy útil para inspirar el cambio, pero la autoflagelación rara vez lo es.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
En pocas palabras, todos vivimos en un mundo incierto y nos enfrentamos a ciertas condiciones ineludibles de la vida, que yo categorizo como: muerte (solo podremos vivir con plenitud mientras seamos conscientes de que la muerte es inevitable), libertad (tenemos enormes libertades y somos, en última instancia, responsables de nuestras propias elecciones de vida), aislamiento (nacemos solos y morimos solos, y, sin embargo, deseamos intimidad y contacto) y ausencia de sentido (existimos en un mundo confuso donde no hay un conjunto completo de valores y, sin embargo, anhelamos una vida con sentido).
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Creo que el hecho de sentirse a gusto con uno mismo y el conocimiento honesto de los propios prejuicios son fundamentales para la terapia... y muy evidentes para los pacientes.
—¿Evidentes para los pacientes en qué sentido?
—Cualquiera que sea su problema específico, los pacientes están lidiando con algo. Buscan a alguien que ellos sientan que puede ayudarlos y guiarlos, alguien maduro cuya presencia los tranquilice. Si perciben que el terapeuta está inquieto, eso puede incomodarlos.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Si el terapeuta tiene puntos ciegos sobre sí mismo, entonces esas respuestas emocionales no serán indicadores fiables de cómo responderían los demás en general, y la idea de la terapia como microcosmos social se desmorona. Imaginemos, por ejemplo, que en una sesión un paciente se queja durante mucho rato de su esposa y la terapeuta nota que esas quejas empiezan a aburrirla. Esta es una información importante que puede proporcionarle pistas para una exploración fructífera. La terapeuta debe confiar en sus propias percepciones y sospechar que los demás se aburrirán de manera similar, dado que el paciente no para de quejarse y de echar la culpa a otros.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Para ser un terapeuta eficaz, uno debe comprender la experiencia de la terapia desde la perspectiva del paciente y también conocerse muy bien a sí mismo. Esta última parte es fundamental para trabajar en el aquí-y-ahora, porque se necesita una gran conciencia de las propias percepciones y los propios prejuicios. Durante la sesión, un buen terapeuta va leyendo la interacción con su paciente, a la vez que toma buena nota de las respuestas emocionales que experimenta ante cada uno de ellos. Si, por ejemplo, me siento frustrado ante las evasivas de un paciente, debo reconocer de inmediato que estoy sintiendo esa frustración, en lugar de permitir que esa emoción me invada de un modo inconsciente, como suele ocurrir. Mi frustración indica algo importante acerca de la interacción que estamos teniendo.
 
Si el terapeuta tiene puntos ciegos sobre sí mismo, entonces esas respuestas emocionales no serán indicadores fiables de cómo responderían los demás en general, y la idea de la terapia como microcosmos social se desmorona. Imaginemos, por ejemplo, que en una sesión un paciente se queja durante mucho rato de su esposa y la terapeuta nota que esas quejas empiezan a aburrirla. Esta es una información importante que puede proporcionarle pistas para una exploración fructífera. La terapeuta debe confiar en sus propias percepciones y sospechar que los demás se aburrirán de manera similar, dado que el paciente no para de quejarse y de echar la culpa a otros. Entonces, la terapeuta podría sugerir que ambos observen lo que ha sucedido en el espacio entre ellos, lo que los llevaría a descubrir cómo, por ejemplo, el paciente utiliza una actitud de queja para presentarse como una víctima en sus relaciones, y cómo eso acaba provocando el alejamiento de la gente. Esta es la dinámica del aquí-y-ahora cuando funciona como es debido. Pero solo funciona si el terapeuta es consciente de sus propios puntos ciegos. Imaginemos que la terapeuta a la que acabo de mencionar hubiera estado casada, y que su matrimonio hubiera terminado mal y ella se sintiera injustamente culpada. Si hubiera quedado marcada o resentida por esta experiencia y no hubiera hecho el trabajo de identificar sus propios prejuicios, su capacidad para usarse a sí misma durante la terapia como un delicado detector emocional estaría dañada. Imaginemos también que el mencionado paciente tuviera de verdad muy buenas razones para quejarse de su esposa. Tal vez ella lo menospreciaba una y otra vez, diciéndole, por ejemplo, que preferiría haberse casado con su novio de la secundaria, que ahora es un triunfador. Una vez más, la terapeuta podría desanimarse pensando que el paciente siempre se está quejando de su esposa y sugerir que este es el problema clave del paciente. Pero esta vez la terapeuta podría estar equivocada. Su reacción negativa podría ser el resultado de sus propias frustraciones en cuanto a su propio divorcio, que ella nunca superó.
 
Todos tenemos prejuicios y neurosis inconscientes que podrían hacer que nuestras percepciones sean menos neutrales, menos fiables y más cargadas de posibles contratransferencias. Conocerse a uno mismo lo más profundamente posible es esencial, y explorar las propias debilidades, las propias fortalezas y los propios rincones oscuros recibiendo una terapia personal es la mejor manera que conozco de perfeccionar las propias percepciones, lo que sin duda nos permitirá ofrecer a los pacientes una terapia más efectiva.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Cada persona tiene experiencias de vida muy subjetivas y que esa subjetividad se traslada también a sus lecturas. Estas experiencias colorean nuestra visión, haciendo que nos concentremos en ciertas cosas en lugar de en otras, y que respondamos emocionalmente a diferentes cosas de distintas maneras. Esto es cierto para todos los pacientes, y también es cierto para los terapeutas. Para cerrar el círculo, este enfoque subjetivo es justo la razón por la que los terapeutas debemos ser lo más conscientes posible de nuestras propias respuestas y prejuicios, y por la que debemos someternos a una intensa terapia personal.
 
Irvin D. Yalom
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Según mi experiencia, cuando las personas se resisten a una fuerza vital importante, a menudo acaban viéndose consumidas por intensos sentimientos de desesperanza. Cuando uno sabe, en el fondo, que hay algo que debe hacer en el mundo, y sin embargo no lo hace porque algún obstáculo se lo impide —el miedo, la vergüenza, el rechazo de los padres o las necesidades financieras—, esa inacción puede suponerle un alto coste psicológico.
 
Irvin D. Yalom
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Los terapeutas tienen muchos pacientes, mientras que los pacientes solo tienen un terapeuta. Esta es una desigualdad inherente a mi profesión, que a veces se puede utilizar en beneficio de la terapia; es decir, queremos ser importantes en la mente del paciente, para que nuestras palabras y las experiencias que compartimos en la terapia puedan tener un poderoso impacto transformador. Por otro lado, imaginemos el daño potencial para alguien que, al dar gran importancia a la aprobación de su terapeuta, descubre que ha sido completamente olvidado.
 
Irvin D. Yalom
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En mi opinión, el escenario que ella describía solo podía acabar de forma desastrosa, mientras que a ella le parecía placentero y perfecto.
 
Irvin D. Yalom
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Muchos de nosotros buscamos serenidad, tranquilidad y satisfacción en la vida. Pero he aprendido que, paradójicamente, demasiada serenidad en la superficie a menudo indica una negación de problemas más profundos. Puede ser una efectiva estrategia de evasión.
 
Irvin D. Yalom
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Como terapeutas, planteamos posibilidades y hacemos preguntas que invitan a la reflexión y que a menudo hacen que los pacientes se replanteen cómo están viviendo, si sus actos se alinean con sus valores y si sus creencias les están siendo útiles, siempre partiendo de la base de que el cambio profundo tiene que venir de dentro.
 
Los pacientes suelen llegar a terapia con una angustia significativa. Lo que reclaman, en general, es una solución al sufrimiento que están experimentando, tanto si el problema parece ser externo como si es interno. Y a menudo imaginan que esta solución pasa por que el terapeuta le indique qué debe hacer. Pero, una vez más, el cambio real debe provenir de que el paciente reconsidere sus propias tendencias e intente cambiarlas poco a poco, en lugar de que le digan qué debe hacer en una situación determinada.
 
Casi siempre es mucho menos útil que yo le diga a alguien qué hacer en lugar de ayudarlo a superar sus obstáculos internos para que pueda llegar a sus propias conclusiones, que siempre encajarán mejor con sus valores más profundos.
 
Irvin D. Yalom
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Sentía una gran curiosidad por dos cosas. En primer lugar, uno de los grandes placeres de ser terapeuta es que puedes observar de cerca los apasionantes dramas de la vida de muchas personas. A menudo me he visto atrapado en esas historias, preguntándome qué sucederá después y alegrándome cuando a mi protagonista le salen bien las cosas. En cierto modo, es parecido a ver una emocionante serie de televisión.
 
Mucho más importante era la curiosidad clínica sobre estas consultas. Nunca conocería los cambios ni el crecimiento a largo plazo que estos pacientes podrían experimentar, pero tenía muchas ganas de saber si mi trabajo con ellos estaba logrando algún impacto apreciable y, de ser así, qué factores eran más útiles. En general, he podido identificar o aclarar el problema más urgente de mis pacientes y he descubierto que la mayor parte de ellos estaban preocupados por su conexión con los demás, lo cual no me ha sorprendido. En el fondo, la gran mayoría de los pacientes a los que he atendido a lo largo de seis décadas tenían algún tipo de problema con la conexión interpersonal. Sus necesidades inmediatas podían presentarse como algo diferente —obsesión sexual, ira hacia uno de sus progenitores, depresión—, pero en el fondo de todo eso suele haber manifestaciones de desconexión. Incluso en aquellos que presentan una ansiedad extrema ante la muerte, cuando nos adentramos bajo la superficie casi siempre encontramos un anhelo de una cercanía profunda con la que combatir el sentimiento de estar solos en el universo.
 
Irvin D. Yalom
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La intuición es fundamental para los terapeutas, pero es importante señalar que, tal como la veo yo, no tiene nada de místico. Cualquier intuición por mi parte es el resultado de muchas décadas de cuidadosa atención, de observar de cerca a las personas y de reconocer patrones y tendencias.
 
Irvin D. Yalom
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Hace mucho que creo que los terapeutas somos más eficaces cuando nos ofrecemos a nuestros pacientes como compañeros de viaje, como seres humanos que también sufren los golpes, las flechas y otras indignidades de la vida. Esto difiere en gran medida de la posición de muchos en este mismo terreno que, históricamente, e incluso en estos tiempos, se presentan como expertos y pretenden reparar a sus pacientes, como si la condición humana fuera reparable.
 
Sé que es mucho mejor, como terapeuta, no poner el acento en la propia posición de prestigio, sino hundirse en el barro con los pacientes y avanzar con ellos a través de nuestro mundo absurdo y desafiante.
 
Irvin D. Yalom
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Seguí indagando, a la espera de descubrir a alguien que se preocupara por ella.
—¿De quién estás más cerca ahora, Margaret? —quise saber.
Esta pregunta casi siempre abre puertas en la terapia, pues empuja a las personas a pensar más allá de sí mismas y a poner el foco en la red más amplia de relaciones en la que viven.
 
Irvin D. Yalom
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En esencia, la terapia es una relación inusual y, en muchos sentidos, unilateral: el paciente se ve embarcado en una gran cantidad de revelaciones íntimas y reflexiones sobre sí mismo, mientras que el terapeuta se concentra con intensidad en el paciente y revela muy poco de sí mismo.
 
Irvin D. Yalom
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Hay muchas razones por las que los terapeutas consideran preferible no aportar sus propias historias ni su información personal en la terapia. Históricamente, la psiquiatría surgió de un modelo médico en el que el doctor ocupaba la posición de experto y el paciente era el «enfermo» que necesitaba curación. Los psiquiatras proyectaban el alto estatus del médico, y los problemas que descubrían eran vistos por entero como carencias o defectos que el buen médico podía solucionar. Además, el modelo psicoanalítico original de Freud tenía incorporada la dinámica del terapeuta como una pantalla en blanco en la que los pacientes proyectaban sus sentimientos, fantasías y neurosis. Un exceso de información sobre el terapeuta como ser humano podría entorpecer esta dinámica, puesto que influiría en el proceso de autodescubrimiento de los pacientes. Señalaré aquí que han pasado más de cien años desde el trabajo revolucionario de Freud, y muchos otros pensadores y profesionales brillantes han hecho que la terapia contemporánea sea rica y variada, con muchos enfoques que difieren ampliamente de este método de pantalla en blanco. Aun así, todavía quedan algunos vestigios del ideal del médico experto y distante, y casi todos los programas de capacitación continúan advirtiendo que los terapeutas no deben compartir información sobre sí mismos. La mayoría de las razones de tal postura siempre me han parecido bastante pobres, y, en lo que a mí respecta, llevo mucho tiempo inclinándome por «revelar más» a mis pacientes. Ser un compañero de viaje y no un experto distante ha sido uno de mis principios rectores durante décadas.
 
Irvin D. Yalom
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Hay un tipo de autorrevelación que es absolutamente primordial en mi trabajo del aquí-y-ahora: intento ser muy sincero en cuanto a lo que siento por un paciente en el presente inmediato. Por supuesto, no expreso mis sentimientos de manera indiscriminada, sino que los uso como mi principal fuente de datos y evalúo con cuidado cómo puedo usar mejor esta información en beneficio del paciente. Por ejemplo, si un paciente parece estar ocultando algo, le pregunto al respecto; si se muestra combativo, coqueto o infantil, le hago saber de la manera más útil posible que eso es lo que recibo de él.
Un segundo tipo de autorrevelación consiste en relatar experiencias personales o historias de mi vida poniéndolas al servicio de mi trabajo con el paciente. Este es el tipo de autorrevelación que se aconseja evitar a la mayoría de los terapeutas jóvenes, como si en ello hubiera un gran peligro. Como si el hecho de que los terapeutas nos mostremos como seres humanos normales y con defectos disminuyera de alguna manera nuestra capacidad curativa, o como si mostrarse honesto sobre la propia vida fuera en cierto modo demasiado agotador para los terapeutas. Y, sin embargo, los pacientes suelen hacernos preguntas directas, desde si tenemos hijos hasta cuáles son nuestras opiniones políticas. ¿Deberíamos ignorarlos? Una táctica común que emplean los terapeutas cuando un paciente hace esto es darle la vuelta a la pregunta y preguntarse por qué está interesado en saber esas cosas. Es cierto que a veces sus preguntas pueden revelar algo más profundo de su personalidad. Por ejemplo, un paciente que pregunta de forma constante cómo le van las cosas a un terapeuta puede estar revelando su propia tendencia a asumir un papel de cuidador en sus relaciones y, al mismo tiempo, su voluntad de desviar la atención de sus problemas. Pero la mayoría de las veces creo que los pacientes hacen esas preguntas simplemente porque quieren saber más sobre la persona con la que están construyendo una relación importante. Quieren saber quiénes somos, ver si tenemos suficientes cosas en común para comprender sus desafíos o para calmar la ansiedad que sienten al establecer una relación estructurada con un extraño. ¿Cuál es el problema aquí? Si un paciente quiere saber qué tipo de programas de televisión me gustan, estaré encantado de decírselo. ¿Tengo hijos?, ¿qué me parece un determinado restaurante?, ¿cómo me llevaba con mis padres...? ¿Por qué debería esconder ese tipo de cosas? ¿Cómo puedo fomentar la verdadera conexión humana, tan esencial para ayudar a los pacientes, si tengo miedo de compartir mi intimidad?
Es muy posible que exista la preocupación de que demasiada intimidad pueda llevar a desdibujar los roles y que la cercanía de la terapia pueda hacer surgir sentimientos románticos, ya sea en el paciente o en el terapeuta. Desde luego, esto puede ocurrir... Después de todo, el terapeuta es, para muchas personas, la persona con la que comparten sus preocupaciones más profundas. Y, por supuesto, si eso ocurre, puede llegar a ser un problema. Pero creo firmemente que los terapeutas profesionales y bien formados pueden ser lo bastante cautelosos y conscientes de sí mismos para evitar que surjan esos sentimientos románticos y sexuales. Y para analizarlos como es debido si llegan a aparecer.
Lo que es fundamental, por supuesto, es que ese compartir redunde en beneficio del paciente. Y es muy posible que haya circunstancias en las que compartir demasiado, o compartir ciertas cosas, sea perjudicial. Sin embargo, y permítanme enfatizar este punto, en mis más de seis décadas de terapia nunca he tenido la experiencia de compartir demasiado con un impacto negativo. Por el contrario, mi apertura siempre parece acercarme más a ellos y a mí, y mejorar el curso de la terapia.
 
Irvin D. Yalom
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—Lo que sea que suceda en un matrimonio es el resultado de las contribuciones de ambas personas.
 
Irvin D. Yalom
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En realidad, un terapeuta solo puede trabajar con la persona que tiene delante, y existen limitaciones sobre cuán útil es especular acerca de las acciones y motivaciones de los demás,
 
Irvin D. Yalom
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Creo que afrontar la mortalidad y hablar abiertamente de la muerte con otras personas puede ser de gran ayuda.
 
Irvin D. Yalom
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Describiendo una infancia caótica y peligrosa, una crianza en la que nunca recibiste el amor y la protección que necesitan los niños..., a menudo se manifiestan más adelante como ansiedad ante la muerte.
 
—Mi terapeuta anterior nunca me hizo muchas preguntas sobre mi infancia. —Es un tema incómodo. Pero créeme cuando te digo que los esfuerzos a corto plazo centrados en el comportamiento para cambiar tu forma de pensar, como los tratamientos de terapia cognitivo-conductual que has mencionado, no te proporcionarán la ayuda que necesitas.
—Entonces, ¿qué sugiere?
—Yo en tu caso sugeriría un enfoque terapéutico completamente distinto. Esos recuerdos de la primera infancia son dolorosos y, como han demostrado numerosas investigaciones, resulta sumamente difícil borrarlos o ignorarlos. Por fortuna, en los últimos años se ha avanzado mucho en la comprensión de traumas como este y en el desarrollo de métodos para tratarlos. Sugiero un trabajo prolongado con un terapeuta que se centre en los traumas de la primera infancia. Entre ambos podréis afrontar, explorar y, en última instancia, trabajar a través de esos recuerdos.
 
Irvin D. Yalom
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Por supuesto, los pacientes me han hecho cientos de preguntas de este tipo a lo largo de los años, y hay mucho que aprender de lo que un paciente elige preguntar. ¿Qué les interesa y qué revela eso sobre sus preocupaciones? Gene me había preguntado cómo había hecho amigos, y eso indicaba que estaba lidiando con la soledad y la falta de conexión. Esa fue una información valiosa. Más allá de esto, sin embargo, el hecho de insistir a los pacientes para que me hicieran preguntas personales requeriría que ellos se acercaran más, que se acercaran de una manera íntima. Y al abrirme a ellos para compartir mi intimidad, les serviría como modelo para que ellos también lo hicieran. ¿Podía ser peligroso que fueran los pacientes quienes hicieran las preguntas? La mayoría de las escuelas que forman a psicoterapeutas se opondrían a la idea de crear un espacio para una indagación tan personal. Pero ¿qué tememos que nuestros pacientes puedan preguntar? ¿Querrán conocer nuestros secretos más profundos? ¿Nuestras fantasías sexuales? Primero, yo señalaría que el terapeuta no está obligado a responder si se siente inseguro o si considera que su respuesta no será útil. Más allá de eso, supongo que este tipo de preguntas son posibles, pero solo si el paciente realmente quiere desafiar la relación terapéutica que ha construido. Y eso también es información valiosa.
 
Irvin D. Yalom
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¿Qué pasaría si yo les pidiera de forma explícita a los pacientes que me hicieran preguntas personales? ¿Qué resultados obtendría? Por supuesto, los pacientes me han hecho cientos de preguntas de este tipo a lo largo de los años, y hay mucho que aprender de lo que un paciente elige preguntar. ¿Qué les interesa y qué revela eso sobre sus preocupaciones? Gene me había preguntado cómo había hecho amigos, y eso indicaba que estaba lidiando con la soledad y la falta de conexión. Esa fue una información valiosa. Más allá de esto, sin embargo, el hecho de insistir a los pacientes para que me hicieran preguntas personales requeriría que ellos se acercaran más, que se acercaran de una manera íntima. Y al abrirme a ellos para compartir mi intimidad, les serviría como modelo para que ellos también lo hicieran. ¿Podía ser peligroso que fueran los pacientes quienes hicieran las preguntas? La mayoría de las escuelas que forman a psicoterapeutas se opondrían a la idea de crear un espacio para una indagación tan personal. Pero ¿qué tememos que nuestros pacientes puedan preguntar? ¿Querrán conocer nuestros secretos más profundos? ¿Nuestras fantasías sexuales? Primero, yo señalaría que el terapeuta no está obligado a responder si se siente inseguro o si considera que su respuesta no será útil. Más allá de eso, supongo que este tipo de preguntas son posibles, pero solo si el paciente realmente quiere desafiar la relación terapéutica que ha construido. Y eso también es información valiosa.
 
Irvin D. Yalom
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El crecimiento y el cambio de un paciente son el resultado de experiencias en el contexto de un vínculo cercano y seguro con su terapeuta, más que de una intervención, diagnóstico o medicación en particular.
 
La necesidad de construir esta conexión de confianza como algo esencial para el trabajo aquí-y-ahora. Pero yo iría más allá y diría que, cualquiera que sea el enfoque que uno adopte en la terapia, desde la terapia centrada en soluciones a corto plazo hasta la terapia cognitivo-conductual o el análisis psicodinámico prolongado, es fundamental construir una relación sólida, positiva y de confianza con los pacientes.
 
Mi propio mantra profesional: «Es la relación la que cura». Es decir, el crecimiento y el cambio de un paciente son el resultado de experiencias en el contexto de un vínculo cercano y seguro con su terapeuta, más que de una intervención, diagnóstico o medicación en particular. En varios momentos de este libro he mencionado la necesidad de construir esta conexión de confianza como algo esencial para el trabajo aquí-y-ahora. Pero yo iría más allá y diría que, cualquiera que sea el enfoque que uno adopte en la terapia, desde la terapia centrada en soluciones a corto plazo hasta la terapia cognitivo-conductual o el análisis psicodinámico prolongado, es fundamental construir una relación sólida, positiva y de confianza con los pacientes.
 
Irvin D. Yalom
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Los intentos erróneos de autorrevelación pueden ser perjudiciales. A la mayoría de los pacientes no los ayudará que un terapeuta alardee de sus propios éxitos o comparta pensamientos que simplemente no son relevantes para los problemas del paciente.
 
Irvin D. Yalom
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La terapia a menudo sirve como un valioso ensayo general para la vida, y el terapeuta actúa como compañero de ensayo.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón
 
 
Las mentes atribuladas necesitan tanto de la filosofía como de la medicina.
 
Irvin D. Yalom
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A lo largo de los años he descubierto que no debemos ser tacaños con nuestros elogios, ya sean dirigidos a los pacientes, a los amigos o a los colegas. Si algo he aprendido de las luchas internas de las personas durante sesenta años es que, aunque externamente parezcan confiadas y triunfadoras, en su interior pueden sentirse de un modo muy distinto. Nunca se sabe quién tiene una necesidad desesperada de recibir aprobación o amor.
 
Irvin D. Yalom
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EPÍLOGO POR BENJAMIN YALOM
 
 
Pocos programas de formación hacen hincapié en este tipo de trabajo interpersonal aquí-y-ahora. La autorrevelación del terapeuta, en particular cuando revela información personal, es vista con recelo, como algo que debe evitarse en la mayor parte de los casos. Esto resulta muy confuso para algunos estudiantes, que comienzan su formación con la idea de realizar un trabajo personal profundo con los pacientes y se encuentran con advertencias contra ese tipo de intimidad.
¿Dónde radica este desafío? Uno podría pensar que estas técnicas se enseñan de manera habitual, dado que tienen tanto éxito. En mi opinión, existen muchos impulsos contrarios a la idea de que los terapeutas se abran tanto en las sesiones con sus pacientes. Sin pretender ser exhaustivo, ofrezco una lista breve, ciertamente incompleta, de algunas de las ideas más contundentes que se oponen a esta apertura:
 
  • El modelo médico tradicional de la psiquiatría, en el que los psiquiatras debían ser vistos como expertos.
  • El poder y la vigencia del enfoque de la pantalla en blanco de Freud.
  • El temor a que, si los terapeutas se abren demasiado, sus pacientes les hagan preguntas personales incómodas o embarazosas, o invadan de un modo u otro su intimidad.
  • El temor a que surjan sentimientos románticos u otros sentimientos inapropiados entre el paciente y el terapeuta (nótese que esto puede verse exacerbado por las relaciones de género y puede resultar particularmente peligroso para las mujeres terapeutas).
  • El temor a que, si los terapeutas se abren, puedan verse abrumados por la contratransferencia, lo que distorsionaría la visión objetiva de sus pacientes.
  • La prevalencia de terapias a corto plazo «basadas en la evidencia» y de terapias de manual con pasos claramente definidos, que en gran medida consideran a los terapeutas como intercambiables.
  • La idea de que centrarse en el terapeuta en lugar de en el paciente conduce a la autocomplacencia y no favorece los intereses del paciente.
  • Y, por último, en lo que se refiere en concreto a mi padre, la sensación de que él debe de ser un poco mago y que estas técnicas que a él le funcionan no les funcionarían a otros. (¡No se lo crean! En esencia, solo se nos exige que seamos abiertos, honestos y humanos con nuestros pacientes).
 
Estas ideas explican en parte las resistencias a que el terapeuta se abra y cuente cosas sobre sí mismo. Pero también creo que, en lo que respecta a la formación de los terapeutas, la realidad es un poco más compleja y un poco más esperanzadora. Si bien pocos programas de terapia enseñan específicamente el modelo del aquí-y-ahora, algunos aspectos de este método —en especial, examinar lo que está sucediendo en tiempo real entre el terapeuta y el paciente, así como, quizá, con sus parejas o familiares— se han incorporado a otros enfoques terapéuticos muy difundidos, desde terapias psicodinámicas y otras orientadas a la atención plena hasta enfoques basados en el apego y modalidades de pareja y familia. En varios de estos enfoques hay espacio para que los terapeutas se abran y brinden una retroalimentación emocional honesta, reflexionando sobre cómo se sienten acerca de lo que está sucediendo en las sesiones de terapia y preguntando cómo se siente el paciente al ser observado en profundidad por el terapeuta. Este tipo de revelación emocional ha sido etiquetado de muchas maneras, con términos como metaprocesamiento, congruencia y autenticidad. En la mayoría de los casos, estos modelos no se centran principalmente en la relación entre el terapeuta y el paciente, pero los elementos clave de la apertura y el intercambio honesto se están difundiendo poco a poco en la especialidad.
 
«Es la relación la que cura». Mi padre alude a este «mantra» a menudo. No se trata de una simple filosofía personal, puesto que décadas de investigación respaldan con contundencia esta idea nuclear. Hay cientos de teorías y enfoques en psicoterapia, y uno puede sentirse abrumado a la hora de decidir qué tipo de terapia desea practicar o qué tipo de terapia desea recibir. Pero si se analizan en profundidad los datos sobre qué conduce a resultados terapéuticos exitosos, las conclusiones son bastante sorprendentes: el factor más importante para el éxito reside en la motivación del paciente. Según algunos estudios, esta motivación representa entre el 40 y el 50 % de los resultados, y es algo que, en esencia, está fuera del control del terapeuta. Entre los aspectos en los que los terapeutas pueden influir, el más importante es, con diferencia, la alianza terapéutica, la relación entre el terapeuta y el paciente. Esto representa entre el 30 y el 50 % del éxito o el fracaso de la terapia. Más allá de estos dos factores, el tipo de terapia elegido y la habilidad del terapeuta se reparten el escaso 10 o 20 % restante. Por todo esto, parece claro que vale mucho la pena aprender a fomentar la relación entre el paciente y el terapeuta como parte de la técnica terapéutica.
 
Y, sin embargo, la mayoría de los enfoques psicoterapéuticos apenas se centran en la construcción de esta relación y la tratan como algo que puede estar o no estar. Dadas las múltiples evidencias de que la alianza entre terapeuta y paciente es, con mucho, el factor más importante para el éxito de la terapia, esto parece profundamente contraproducente.
 
El enfoque que usa mi padre para establecer conexiones no es la única forma de crear este vínculo. Por ejemplo, el paciente y el terapeuta pueden sentirse conectados gracias al proyecto conjunto de que el primero reciba ayuda. O el interés intenso e infatigable del terapeuta puede resultar en sí mismo atractivo y poderoso. O uno puede sentirse atraído por el terapeuta por su mera presencia cálida y empática, como si fuera un padre sustituto, alguien más fuerte y más sabio. Cada una de estas posibilidades está integrada en una o más teorías. Pero la forma más natural, habitual y, en apariencia, eficaz de conectar con el paciente, la que se centra en una relación íntima entre ambos, como en las historias de este libro, sigue siendo vista con honda desconfianza.
 
En última instancia, la suya es una terapia de conexión humana, de dejar que los demás nos importen de verdad, de buscar significado y compartir nuestras cosas de la manera más rica y útil posible. Tomemos este legado, y esforcémonos por encontrarnos unos a otros verdaderamente —terapeutas, pacientes, seres humanos— en toda nuestra rica e imperfecta complejidad.
 
Irvin D. Yalom
La hora del corazón